La Lotería vista como un seguro
Se desinfló la esperanza, otro año, otro sorteo y yo sigo siendo tan poco rico como antes...
La Lotería y su Gordo son tan característicos de la navidad como el turrón, las compras frenéticas de regalos y el frío polar. Permean nuestra sociedad completamente y nombres como los chicos de San Ildefonso o la Bruixa d'Or son de sobra conocidos por todos nuestros compatriotas. Los estudiantes finanzan sus viajes de fin de curso vendiendo boletos, los comerciantes nos agradecen nuestras compras con participaciones, los bares redistribuyen décimos...
Está claro que quien puede intenta agarrar un pellizco de la increíble afición española en juegos de azar. El Instituto Nacional de Estadística estima que en el 2002 el gasto real, definido como cantidad jugada menos premios obtenidos, fue de 8.366,38 millones de euros, que alcanzan al 1,20% de nuestro PIB.
Son cifras tan gigantescas que destacan a nivel mundial. El Gordo es el sorteo más grande del planeta con sus 2,4 mil millones de euros, lo cual hace que se vendan décimos en un montón de países, como yo mismo pude comprobar al encontrarme un anuncio en una revista londinense.
Y yo lo que yo me pregunto es por qué somos tan jugones los españoles, superando las brechas de riqueza para ser los indiscutibles líderes mundiales en esta particular estadística. Desde aquí me atrevo a dar dos motivos: nuestra cultura del pelotazo y nuestro acentuado sentido de la envidia al prójimo.
Para explicar el primero no hace falta mucho esfuerzo, sólo hay que pensar en cómo la construcción especulativa se ha convertido en el motor de nuestra economía. Todos queremos que nos toque la lotería fundamentalmente para dejar de trabajar y no volver a dar ni golpe en la vida. Es increíble la frecuencia con la que los españoles hartos de su trabajo mentan a la lotería, gran redentora y solucionadora de problemas. Pero además tenemos a las estadísticas para que hablen solas. Contrastando con el 1,20% del PIB gastado en juegos de azar, los españolitos apostamos por el futuro también de otra manera: gastándonos en 2002 el 1,03% del PIB en Investigación y Desarrollo, según el Ministerio de Educación y Ciencia.
Nos debería dar un poco de vergüenza, en vez de ganarnos un futuro próspero trabajando poco a poco, confiamos más en el poder del Gordo y las quinielas. Como comparación, somos los únicos de toda la OCDE que tenemos este patrón de crecimiento económico, y así nos va. Yo, como ingeniero de I+D, me siento personalmente indignado...
El segundo motivo es un poco más complejo de explicar, pero si lo pensamos bien, muchas veces se compra lotería no con la esperanza de que toque sino tan sólo por si toca. Es una diferencia fundamental que explica que Recursos Humanos organiza la compra de un décimo que todos los empleados se apresuran a adquirir y que, por supuesto, cada familia comparta sus décimos.
Es decir, a menudo se compra lotería para no morirte de envidia si se diera el caso de que tocara y tú no jugaste. Por lo tanto el Gordo no es sólo un aleatorio mecanismo de redistribución de riqueza, sino también un sofisticado seguro contra la envidia aguda.
Yo, para que quede claro, no me gasto ni un euro en lotería. Pero reconozco que cada 22 de diciembre paso mucho miedo...
Ya aliviado, os deso a todos un feliz finde navideño
La Lotería y su Gordo son tan característicos de la navidad como el turrón, las compras frenéticas de regalos y el frío polar. Permean nuestra sociedad completamente y nombres como los chicos de San Ildefonso o la Bruixa d'Or son de sobra conocidos por todos nuestros compatriotas. Los estudiantes finanzan sus viajes de fin de curso vendiendo boletos, los comerciantes nos agradecen nuestras compras con participaciones, los bares redistribuyen décimos...
Está claro que quien puede intenta agarrar un pellizco de la increíble afición española en juegos de azar. El Instituto Nacional de Estadística estima que en el 2002 el gasto real, definido como cantidad jugada menos premios obtenidos, fue de 8.366,38 millones de euros, que alcanzan al 1,20% de nuestro PIB.
Son cifras tan gigantescas que destacan a nivel mundial. El Gordo es el sorteo más grande del planeta con sus 2,4 mil millones de euros, lo cual hace que se vendan décimos en un montón de países, como yo mismo pude comprobar al encontrarme un anuncio en una revista londinense.
Y yo lo que yo me pregunto es por qué somos tan jugones los españoles, superando las brechas de riqueza para ser los indiscutibles líderes mundiales en esta particular estadística. Desde aquí me atrevo a dar dos motivos: nuestra cultura del pelotazo y nuestro acentuado sentido de la envidia al prójimo.
Para explicar el primero no hace falta mucho esfuerzo, sólo hay que pensar en cómo la construcción especulativa se ha convertido en el motor de nuestra economía. Todos queremos que nos toque la lotería fundamentalmente para dejar de trabajar y no volver a dar ni golpe en la vida. Es increíble la frecuencia con la que los españoles hartos de su trabajo mentan a la lotería, gran redentora y solucionadora de problemas. Pero además tenemos a las estadísticas para que hablen solas. Contrastando con el 1,20% del PIB gastado en juegos de azar, los españolitos apostamos por el futuro también de otra manera: gastándonos en 2002 el 1,03% del PIB en Investigación y Desarrollo, según el Ministerio de Educación y Ciencia.
Nos debería dar un poco de vergüenza, en vez de ganarnos un futuro próspero trabajando poco a poco, confiamos más en el poder del Gordo y las quinielas. Como comparación, somos los únicos de toda la OCDE que tenemos este patrón de crecimiento económico, y así nos va. Yo, como ingeniero de I+D, me siento personalmente indignado...
El segundo motivo es un poco más complejo de explicar, pero si lo pensamos bien, muchas veces se compra lotería no con la esperanza de que toque sino tan sólo por si toca. Es una diferencia fundamental que explica que Recursos Humanos organiza la compra de un décimo que todos los empleados se apresuran a adquirir y que, por supuesto, cada familia comparta sus décimos.
Es decir, a menudo se compra lotería para no morirte de envidia si se diera el caso de que tocara y tú no jugaste. Por lo tanto el Gordo no es sólo un aleatorio mecanismo de redistribución de riqueza, sino también un sofisticado seguro contra la envidia aguda.
Yo, para que quede claro, no me gasto ni un euro en lotería. Pero reconozco que cada 22 de diciembre paso mucho miedo...
Ya aliviado, os deso a todos un feliz finde navideño


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