viernes, diciembre 30, 2005

Proverbio africano

He encontrado este interesante proverbio africano en un artículo sobre los pescadores de Ghana y cómo usan el móvil para mejorar sus ingresos:
“A child who has never traveled before tends to think that only his mother knows how to cook delicious soup.”

Traducido al español:
"El niño que nunca ha viajado suele pensar que sólo su madre sabe preparar una sopa deliciosa"

A mi también me gusta una máxima en la misma línea atribuida a Pío Baroja:
"El nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando"

Feliz Nochevieja y todo el mundo a viajar este 2006!

viernes, diciembre 23, 2005

MalaPrensa.com

Sólo una pequeña reseña. Para quien quiera comprobar con excelentes ejemplos cómo la prensa española trastoca estadísticas y datos en general, hay un blog excelente llamado malaprensa.com que pone en evidencia a los periodistas chapuceros. Echadle un vistazo que no tiene desperdicio. Muchas gracias a Miguel por la pista!

La Lotería vista como un seguro

Se desinfló la esperanza, otro año, otro sorteo y yo sigo siendo tan poco rico como antes...

La Lotería y su Gordo son tan característicos de la navidad como el turrón, las compras frenéticas de regalos y el frío polar. Permean nuestra sociedad completamente y nombres como los chicos de San Ildefonso o la Bruixa d'Or son de sobra conocidos por todos nuestros compatriotas. Los estudiantes finanzan sus viajes de fin de curso vendiendo boletos, los comerciantes nos agradecen nuestras compras con participaciones, los bares redistribuyen décimos...

Está claro que quien puede intenta agarrar un pellizco de la increíble afición española en juegos de azar. El Instituto Nacional de Estadística estima que en el 2002 el gasto real, definido como cantidad jugada menos premios obtenidos, fue de 8.366,38 millones de euros, que alcanzan al 1,20% de nuestro PIB.

Son cifras tan gigantescas que destacan a nivel mundial. El Gordo es el sorteo más grande del planeta con sus 2,4 mil millones de euros, lo cual hace que se vendan décimos en un montón de países, como yo mismo pude comprobar al encontrarme un anuncio en una revista londinense.

Y yo lo que yo me pregunto es por qué somos tan jugones los españoles, superando las brechas de riqueza para ser los indiscutibles líderes mundiales en esta particular estadística. Desde aquí me atrevo a dar dos motivos: nuestra cultura del pelotazo y nuestro acentuado sentido de la envidia al prójimo.

Para explicar el primero no hace falta mucho esfuerzo, sólo hay que pensar en cómo la construcción especulativa se ha convertido en el motor de nuestra economía. Todos queremos que nos toque la lotería fundamentalmente para dejar de trabajar y no volver a dar ni golpe en la vida. Es increíble la frecuencia con la que los españoles hartos de su trabajo mentan a la lotería, gran redentora y solucionadora de problemas. Pero además tenemos a las estadísticas para que hablen solas. Contrastando con el 1,20% del PIB gastado en juegos de azar, los españolitos apostamos por el futuro también de otra manera: gastándonos en 2002 el 1,03% del PIB en Investigación y Desarrollo, según el Ministerio de Educación y Ciencia.

Nos debería dar un poco de vergüenza, en vez de ganarnos un futuro próspero trabajando poco a poco, confiamos más en el poder del Gordo y las quinielas. Como comparación, somos los únicos de toda la OCDE que tenemos este patrón de crecimiento económico, y así nos va. Yo, como ingeniero de I+D, me siento personalmente indignado...

El segundo motivo es un poco más complejo de explicar, pero si lo pensamos bien, muchas veces se compra lotería no con la esperanza de que toque sino tan sólo por si toca. Es una diferencia fundamental que explica que Recursos Humanos organiza la compra de un décimo que todos los empleados se apresuran a adquirir y que, por supuesto, cada familia comparta sus décimos.

Es decir, a menudo se compra lotería para no morirte de envidia si se diera el caso de que tocara y tú no jugaste. Por lo tanto el Gordo no es sólo un aleatorio mecanismo de redistribución de riqueza, sino también un sofisticado seguro contra la envidia aguda.

Yo, para que quede claro, no me gasto ni un euro en lotería. Pero reconozco que cada 22 de diciembre paso mucho miedo...

Ya aliviado, os deso a todos un feliz finde navideño

sábado, diciembre 17, 2005

Buscando taxi desesperadamente

Anoche batimos nuestro récord absoluto de caminata en el frío polar a la búsqueda de un taxi. Casi una hora y media estuvimos pateando desde Serrano con María de Molina hasta nuestra casa calentita en La Latina.

Salimos hacia las tres de tomarnos unas copas en el Déjate Besar, donde habíamos ido tras cenar con un montón de amigos. Bien, ya en la calle había gente esperando ojo avizor a que apareciera una lucecita verde por la calle. Diez minutos a bajo cero nos convencieron de que no tenía mucho sentido seguir intentándolo.

Ilusos de nosotros, pensamos que Serrano hacia abajo encontraríamos algún taxi libre. Pues no, ni en Serrano, ni en la Castellana, ni en Rubén Darío, ni por supuesto en Alonso Martínez, ni en Tribunal, ni en ningún punto de Fuencarral, ni en la Gran Vía... Ya llegados a Callao, con los labios morados, la tiritona subiéndonos por las piernas, y la esperanza destruida por tantos espejismos causados por los semáforos en verde, decidimos que definitivamente nos íbamos caminando dignamente hasta el final. Cuando por fin entramos en casa a las cuatro y media, completamente helados, no nos creíamos que hubiéramos venido de verdad desde María de Molina. Nos habíamos cruzado Madrid por las zonas más concurridas y no habíamos podido encontrar un solo taxi libre.

Como habíamos visto algún taxi que otro ocupado por afortunados noctámbulos, concluimos que no había huelga ni nada por el estilo. Por supuesto, no éramos los únicos que buscábamos, pues cruzamos miradas asesinas con algún otro iluso esperanzado. La conclusión entonces es que por la noche sólo circulan una fracción de los taxis que harían falta vista la demanda que hay.


¿Y cómo puede ser esto? Pues por una razón muy simple: no hay suficientes taxistas que se molesten en trabajar por la noche. Pero si lo piensas bien, con tanta gente buscando un taxi desesperadamente, seguro que se puede ganar mucho dinero de madrugada. Y con la tasa de paro que tenemos, habrá gente dispuesta a trabajarse la noche.

Claro que sí. El problema radica en las licencias de taxi, que son limitadas, sin las cuales no se puede llevar a pasajeros. Los taxistas que detentan una trabajan de día principalmente y por la noche descansan. Para resolver el problema de la falta de taxis nocturnos, el ayuntamiento debería expedir más licencias, pero entonces los taxistas harían una huelga feroz.

¿Y por qué? Primero, porque aumentaría la competencia y con ello sus ingresos. Y segundo, porque las licencias que ahora tienen perderían el valor astronómico que el régimen regulado actual les ha conferido. Una licencia de taxi, de las que se expidieron hace años de modo gratuito, ahora se cotiza a 25 millones de pesetas (150 mil euros). Por supuesto, si la gente paga esa cantidad para poder hacerse taxista, será que la inversión merece la pena. Si dieran nuevas licencias, este precio se desplomaría, y con él la alegría con la que nos suelen recibir los taxistas al entrar en sus coches.

El caso es que en este mercado intervenido los taxistas con licencia son unos grandes beneficiados que consiguen mantener a la competencia fuera de juego. Mientras, entre todos sus clientes hacemos que se dispare el valor de la licencia. Y encima nos dan un pésimo servicio, si es que tenemos la suerte de que haya uno disponible.

Por desgracia, este es el típico ejemplo en el que hay un colectivo pequeño (los taxistas) que perdería muchísimo si cambiara la situación, con lo cual están dispuestos a cualquier cosa para mantenerla intacta. Y el colectivo mucho mayor que se beneficiaría con algo más de competencia (nosotros), tampoco ganaríamos tanto a título individual, así que nos limitamos a quejarnos de vez en cuando y escribir algún blog sin gracia.

Con lo cual el ayuntamiento, que debería velar por los intereses de todos, prefiere hacerse el sueco y no tocar ni una letra de los acuerdos. Para añadir al agravio, tampoco nos abren el metro por la noche de los fines de semana, y visto la escasez de taxis libres, nos tenemos que contentar con los búhos de Cibeles cada media hora. Y luego se extrañan de que la peña siga cogiendo el coche para salir de marcha...

Así que desde este humilde cuaderno, yo pido UN POCO DE LIBERALISMO, POR FAVOR!!!